viernes, 14 de noviembre de 2008

Ciao bambinas!

Si, recordaba a Nacho.

Trabajar en una revista de moda podría resultar relativamente sencillo. Ya que no sabía escribir sobre el tema, pensé que lo mínimo (y en lo que más se fijarían) era que yo misma supiera vestir a la moda, así que, sin mucha gana, me encaminé a la calle comercial más cercana a renovar mi vestuario.

Mis dedos seguían jugueteando con aquel mechero mientras me alejaba, sumergida en mis propios pensamientos, del edificio que a partir de mañana sería mi nuevo centro de trabajo.

Nacho, le llamábamos Ignacchio imitando un ridículo acento italiano. Le conocimos el pasado verano durante nuestras vacaciones en Alicante. Todos los años hacíamos una "escapada de chicas" y huíamos a la playa a desquitarnos del conocido estrés madrileño. Casi era más estresante que cualquier mañana en hora punta, porque no parábamos ni un minuto, a la vez que destrozábamos nuestros físicos entre juergas y resacas. En el fondo nos encantaba y, al fin y al cabo, era una vez al año.

Stradivarius siempre tiene los últimos modelos aunque no son demasiado formales. Zara ha pasado a ser demasiado clásico. Me daré una vuelta por C&A. Apuré todo lo que pude mi última calada.

Ignacchio no era italiano, era cordobés. Coincidimos en aquella tetería de la Plaza Canalejas a la que acudíamos cada noche a fumarnos nuestra shisha de manzana como preparación a la noche que quedaba por venir. Ignacchio nos miraba con aire divertido desde la mesa de al lado. Posiblemente contaba la cantidad de tonterías que éramos capaces de decir por minuto. Estoy segura de que pensaba que éramos unas niñatas inmaduras en plena edad del pavo, pero lo cierto es que pensara lo que pensara me daba absolutamente igual.

¿De verdad alguien puede ser capaz de comprarse unos vaqueros rosas con flores estampadas? solté con cierto repelús la prenda que acababa de coger para ver que mis ojos no mentían y realmente "eso" se vendía y no se regalaba..

Hacía bastante tiempo que tomé la firme decisión de que ningún hombre más me rompería el corazón. Me interesaba salir con mis amigas y divertirme todo lo que podía. Ningún tío más me tendría colgada de una ilusión que nunca llegaba a materializarse. Ignacchio no lo sabía y miraba a mi grupo con cierto aire desafiante. No sabía que ninguna estábamos dispuestas a entrar en ningún tipo de juego, porque en ese momento éramos nosotras y nadie más.

- Disculpa, ¿vas a entrar? - dos adolescentes me miraban con impaciencia con varios pares de camisetas de tirantes en la mano.

- Ehm... sí, perdonad... - Me crucé con la señora que acababa de salir del último probador. Dejó el pasillo inundado de la colonia "pachuli" que me recordaba al olor de casa de mi abuela.

Como era de esperar no tardó mucho en acercarse.

- Ciao bambinas! Come ti va? come vanno le cose la? - Resultaba especialmente cómico escuchar a un andaluz imitar a un italiano y los primeros efectos de las copas dejaron que soltáramos sonoras carcajadas.

De pronto reparé en sus ojos, su mirada y mi mundo se silenció. Volví a encontrarme sola, aislada en una habitación en la que sólo nos encontrábamos sus ojos y el latir de mi corazón. No podía volver a pasarme esto a mí...

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