domingo, 1 de febrero de 2009

Miedos

De camino intentaba prepararme para cualquier nueva sorpresa que pudiera encontrarme. Me sentía realmente asustada y nerviosa, pero necesitaba descubrir que es lo que estaba pasando. Un mes antes mi vida era tan rutinaria que resultaba ser tremendamente aburrida. Permanecer en casa viendo las películas que me descargaba de Internet, levantarme tarde, observar los transeúntes que caminaban velozmente por las aceras de la Gran Vía... ahora echaba de menos todo aquello y me preguntaba qué es lo que realmente me motivó a cambiar algo, que en realidad, no estaba tan mal.

Estaba delante de su puerta. Mis dedos se entrelazan una y otra vez con el juego de llaves de la casa de Claudio. Aún guardaba la copia de la época en la que yo entraba y salía de allí como me venía en gana. Absurdamente me pregunté si seguiría mi cepillo de dientes en aquel diminuto baño rosado.

Aparentemente todo estaba tranquilo... pero me daba un miedo terrible no saber lo que me podía encontrar tras esa endeble puerta de chapa. Como siempre, me costó girar la llave en la cerradura. Odiaba que se atascara con tanta facilidad, pero esta vez me embargo una agradable sensación pensar que, al menos, algo seguí siendo como siempre. La puerta crujió tímidamente. Dentro, todo parecía oscuro. Palpé las paredes intentando adivinar el viejo interruptor de la luz. Reaccioné inconscientemente bajando la mirada mientras esperaba que viniera Miko a recibirme, pero la casa permanecía en el más tenebroso silencio.